29 nov. 2009

Solo un ángel .: Segunda Parte

Una oleada de calor envolvió el cuerpo de Darien. Y al de ella también. Ruby no había conocido nunca a un tipo como él. Lo sombrío de sus aspecto lo hacia verse tan sexy. Ese abrigo negro y la camisa azul oscuro le quedaba tan bien, el pantalón de mezclilla, lo hacia verse informal pero elegante. Su cabello despeinado le daba un toque juvenil, noto que no había dormido, se aventuro a pensar que ese rojo de sus ojos no se debía a la falta de sueño, tal vez había estado llorando. Como sabría esta chica tantas cosas con solo mirarlo, el sexto sentido femenino supongo.

Tardaron un poco más de lo normal en soltarse. Ambos apenados. “Vamos hombre, dile tu nombre” una voz en su mente grito.
-Darien, mucho gusto. Gracias por salvar mi vida- esa frase englobaba tanto el haberlo salvado de la muerte por un auto y el haberlo salvado de vivir como zombi, por “ella”. Le sonrío apenada.
-De nada- “cuando quieras” pensó. Se ruborizo al pensar eso, jamás se había sentido así de atraída por nadie, ni por su exnovio. Llego a su memoria su primera vez, inexperta como todos, sudando, gritando, pidiendo más. Deseaba saber que era el placer con este ya no tan desconocido hombre. Mordió su labio.

El corazón de Darien aun no se calmaba. Pedía a gritos el cuerpo desnudo de Ruby. Ruby… una imagen de piel desnuda en su cama floto en su cerebro.
“Invítala a comer, idiota” su mente le reclamaba. “vamos, no seas tonto, esta chica es hermosa” decía su cabeza.
-Quieres…- su lengua le jugaba una mala pasada, había olvidado como hablar.- digo, quieres… este, ¿tomar algo…?- por fin junto las palabras. “Idiota, la asustaras hablando como invesil” grito de nuevo su mente.
-Ah. Lo siento, no puedo-. En verdad que se sentía mal por no poder aceptar su invitación, su amiga Thesa, se había puesto a pelear nuevamente con su novio, el invesil rubio con el que tantas veces discutía y regresaban en una desenfrenada lucha de sudor y jadeos.
-Oh, descuida…- de nuevo rechazado. No era su día, pensó.
-Adiós- se despidió Ruby con la mano, cruzo la calle y se alejo.

Darien la vio caminar, vio como se movían sus caderas y la necesito aun más. ¿Debería seguirla? No, claro que no, eso era de locos. Pero, él si estaba loco, loco por completo por ella. Su nueva “ella”. El pasado se borro por completo de su cabeza. Camino de nuevo, esperanzado con encontrarse de nuevo a Ruby y pedirle su número telefónico, que idiota, ni se le ocurrió pedírselo.

Sus pasos se aceleraron tanto como sus latidos. Su corazón lo guiaba ahora.

-Hey, tontuelo- esa voz era inconfundible. Era Josie, su pequeña mejor amiga. Estaba parada atrás de él, con lo típico: un frappe. Su cabello muy despeinado incluso más que el de él, le dio risa, haciéndola ver como si acabara de levantarse de la cama.
-¿Qué tal?- le daba gusto verla, pero no tenia cara por haber rechazado su oferta de salir con todos los amigos.
-Así qué… dime que te pasa-, su voz era acusadora, pero amistosa - se que te pasa algo, anda dímelo- lo invitaba, dio otro sorbo a su frappe.
-Pues, cosas…- no estaba de humor para contar sus secretos. Pero Josie lo entendería, siempre lo hacia.
- Mi chica me dejo- solo era eso, pensó él, tanto abatimiento por eso. Pero es que nadie lo entendía, se sentía vacío, solo, desgarrado… o eso sentía hace unos minutos antes de que su ángel lo salvara.
-Ah…pues no te ves tan triste- río picadamente. Él sonrío, sabia que Josie era bruja o algo, siempre descubría cualquier cosa, aun con los ojos cerrados. Alzo sus hombros...
-No voltees, pero todas las chicas de la cafetería te miran- sus ojos se abrieron más y su rostro se volvió algo más que burlón. Así era ella, demasiado sincera, pecando en lo cínica. Por eso eran tan amigos, por el simple hecho de que Josie no se quedaba con las verdades. Decía lo que sentía, a quien fuera y donde fuera.
-En serio…- entrecerró los ojos. Aun sonriendo. –Vamos, entremos por un café, hace frío- le hacia mucha falta platicar con ella, le hizo olvidar su búsqueda. Si el destino quería que la encontrara de nuevo, lo haría.

Entraron al lugar inundado por un aroma a café. Se sentaron al fondo del local. Era verdad, Josie jamás mentía, las chicas lo miraban descaradamente, lo violaban literalmente. Josie caminaba a su lado divertida, mirando a las chicas que al encontrarse con esos ojos café oscuros, rápidamente desviaban la mirada.
Tomaron asiento y la mesera se acerco a ellos con una sonrisa en los labios.
-Hola, bienvenidos. ¿En que les pudo servir?- “te serviría a ti, como quisieras”, en serio que estas tipas se sentían tan atraídas por Darien que era pecado todo lo que pensaban. Los miro a los dos. Tardando más mirando a Darien. Josie aun sonreía.
-Hola, si gracias… un capuchino. ¿Quieres algo Josie?- volteo a ver a su amiga. Tenía un poco de frappe en su vaso, pero seguro que seria una plática larga. –Otro frappe.
-Bien, en unos minutos les traigo su orden- dio medio vuelta y parecía que se desarmaría la chica, movía las caderas solo para que él la mirara. Josie alzo una ceja, seguía divertida.
-¡Vaya! Si no sales manoseado de aquí, creeré en los milagros- soltó una carcajada.
-¿Por qué dices eso?- se extraño.
-Por como se movía la mesera, por cierto se llama: Sofía. No tiene nombre de loca, pero podría llegar a serlo con tal de que la toques-, río desenfrenadamente de nuevo, ahora Darien se unió a las risas.

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