5 nov. 2009

Despedida .:. Primera Parte


Lo mire y le sonreí, él devolvió el gesto y subimos a su auto. Estar junto a él me hacia sentir cosquillas en el estomago. Tenía la necesidad de tumbarlo en el asiento trasero y hacerlo en cuerpo y alma completamente mío. Solo mío.
Evitaba las miradas directas a sus ojos, pues estaba segura que me derretiría ante ellos. Entretenía mis manos estrujando mi suéter, no podía dejarlas libres, porque sabia que se lanzarían a él, al encuentro de su cuerpo… de todo su ser.

Entramos en la oscuridad del cine y yo lo único que ansiaba era poder saborear esos labios. Luego de sentarnos, me acerque a él y el calor de su cuerpo me envolvió. El roce de mi mano con la suya me ponía nerviosa, pero no podía dejar de hacerlo. Necesitaba de esos pequeños contactos a cada momento. No podía evitarlo, lo deseaba y él tenía que saberlo. De reojo lo miraba y sonreía como tonta. Por mi mente jamás atravesó la idea de llegar a sentir todo aquello que despertaba en mi cuerpo: deseo, pasión, lujuria...

Note de pronto que ya no comía palomitas, quizás la película ya lo había aburrido o cualquier cosa pasaba por su mente ajena a este momento.

Mi cuerpo quería estar perdido, perdido entre esos labios, saboreando cada parte de su ser. Necesitaba sentir sus grandes manos en mi piel. Que su lengua jugara con la mía… necesitaba todo, todo de él.

Empecé a darle palomitas directo a su boca, rozar sus labios con la punta de mis dedos hacia sentir ardor en mi cuerpo. Y eso me excitaba. Tomo mi mano y beso mis dedos tan seductoramente que sentí que me humedecía de inmediato. El simple roce de sus labios en mis dedos me hacia alucinar. Moje mis labios y lo miraba con ojos llenos de deseo. Me regresaba la mirada de la misma forma con la que yo lo veía. Embriagada en deseo y pasión. Lamió sus labios, y la calidez y humedad de su lengua toco levemente mis dedos, llenándome de nuevo de miles de cosquilleos.

Me moví en el asiento simulando acomodarme, pero lo hacia solo para intentar que aquellos sucios pensamientos que rondaban mi mente se alejaran un poco, pero era sumamente difícil, ya que sentía su aliento tibio sobre mi mano. Beso nuevamente mi mano y sonrío. Mordí mi labio inferior, necesitando demasiado de su sabor; mi corazón palpitaba alocado, amenazando con salirse de mi pecho.

Repentinamente soltó mi mano y por alguna extraña razón le dio mucha importancia a lo que sucedía en la película. Fruncí el ceño mirándolo extrañada por esa reacción. Quise saber porque la veía tan interesado, pose la mirada al frente. Vaya, ahora sabia porque estaba tan interesado: la protagonista besaba con absoluta pasión al tipo que intentaba seducir (casi como yo besaría a mi acompañante sino fuera tan cobarde en importantes ocasiones: como en estos momentos) para después comérselo. Sonreí un poco por ese pensamiento, dejando mi mano descansando encima de mi pierna derecha.

-Hey, no te duermas- dijo divertido, volteando su rostro hacia mi.
Me limite a sonreírle.
Tal como yo había hecho, comenzó a darme palomitas a la boca. Con lo cual mi ritmo cardiaco se acelero. Sentía sus dedos rozar mis labios y la piel se me enchinaba. Las mejillas me ardían cada vez que sentía sus dedos cerca. Una de tantas veces que acercaba sus manos a mi boca, rodó una palomita por mi pecho. Y él juguetonamente la tomo, haciendo que mi corazón amenazara con detenerse.
-Lo siento- dijo, llevándose la palomita a la boca. Asentí con la cabeza.

El silencio de nuevo hizo acto de presencia. Quería acercarme más a él y hacerlo mío, pero era tan cobarde. Sentí la boca seca, tome un sorbo de refresco.
-Dame un poco de eso, ¿si?- susurró a mi oído.
-Ajá- gire un poco para acercarle el refresco, tomándolo de la mejilla con mi mano izquierda. Su piel era tan cálida, con ligeras señales de barba. Ese contacto me estremeció y lo deseé aun más. Como una niña tonta quise ser el popote, para que esos labios carnosos me tocaran. Sonreí bobamente.
-Estás fría- hablo cuando término de beber.
-Ah… si, un poco- aleje rápido mi mano. No quería que mi frialdad lo molestara.

Seguimos en silencio. Por fin la tortura había terminado. Tan cerca y a la vez tan lejos de su cuerpo. Se encendieron las luces, salimos de la sala y del cine.
-¿Qué te pareció la película? ¿Te gusto?-
-Pues… pudo haber estado mejor- decía más calificándome a mi, que a la película, - pero, estuvo buena- sonreí - ¿A ti? – lo mire.
-Pensé que seria de terror; las de terror no me gustan me dan miedo – sonreí. Que aceptara sus temores lo hacia verse más atractivo. – Estuvo bien- concluyo.

Nos dirigimos al estacionamiento. Saco su celular del bolsillo del pantalón.
-¿Es nuevo? – pregunte.
-No, ya es viejito, pero me gusta- me tendió la mano para que lo tomara.
Abrió la puerta del copiloto y subí. Se dirigió hacia el otro lado. Subió, se coloco el cinturón, hice lo mismo, le devolví el celular y salimos del lugar.

1 comentario:

Juank dijo...

Como que esta historia me es familiar :P

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