6 dic. 2009

Solo un ángel .:. Tercera Parte

Platicaron de varias cosas; de la escuela, los amigos, en como la habían pasado el día de la invitación a salir, se pusieron al día en todo.
-Me da gusto que te encuentres mejor- la voz de Josie siempre era demasiado sincera, calida, no estaba programada para mentir. Eso le acarreaba unas cuantas enemistades y miradas llenas de ira, cosa que a ella le importaba un pepino, “A las personas no les gusta escuchar la verdad” decía, tenia mucha razón, les gusta vivir en una mentira.
-Si, gracias- se sentía aun apenado por no haber ido, seguro que un poco de distracción lo hubiera sanado pronto.
-Lastima, se te acabo el veinte- le sonreía Josie, él la miro confundido, a veces era tan extraña, extraña en buen sentido.
-No entiendo- admitió Darien.
-Pues que ya es tarde, vine hasta tu escuela y ahora me tengo que ir. Te diré por qué vine. Los chicos están organizando una fiesta, por el fin de cursos y eso, ya sabes, para esos enfermos cualquier pretexto es bueno para hacer fiestas- río de nuevo, esa pequeña nunca paraba de reír.
-Oh. Así que te enviaron a avisarme- lo habían perdonado por faltar a su ultima reunión.
-Así es. Y no aceptamos un No como respuesta. Te envío después la dirección, más te vale ir o la maldición caerá en ti y no tendrás sexo en siglos – le saco la lengua cono una niña, y ambos rieron.
-Ya. Esta bien.

Pidieron la cuenta, la mesera muy atrevida le coló su numero en la carpetita de la cuenta. Pero de inmediato Josie la tomo y pago.
-No no no, yo pago.
-Nada qué. Nosotras también tenemos dinero- el orgullo en su voz se hizo notorio.
El numero de la mesera callo al suelo, sin que nadie se diera cuenta. Salieron del lugar. Caminaron juntos hasta llegar al transporte que la llevaría a su casa.
-Perfecto, nos vemos prontito- le dio un abrazo, mejor dicho hizo lo posible por sacarle las entrañas con ese apretón.
-Ay- se quejo, de donde diantres sacaba tanta fuerza esa pequeña.
-Ah, perdona, ya tenia mucho que no te veía- sonrío apenada, pero pronto ese sentimiento se le paso y le dio un pequeño golpe en el hombro- deja de quejarte: ¿somos hombres o payasos? – soltó una carcajada a la que Darien no tardo en unirse.
-Creo que payasos…- decía sujetándose las costillas.
-Claro, eso sospeche- se llevo una mano a la barbilla, esa imagen de pensadora, era demasiado graciosa–. Me largo, cuídate. Nos vemos- se dirigió al sistema de transporte y se despidió con la mano. Darien respondió de la misma forma.

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